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martes, 10 de marzo de 2015

Weird West: Esclavos de la oscuridad Cap. 3




 

Capítulo III

 


Ruben Limes vigilaba la calle a través de la única ventana de la que disponía el bar Dixieland. Esa noche debían tener especial cuidado, por eso el local permanecía cerrado y solo se permitía el acceso a gente de confianza. Estaba particularmente atento a los pocos transeúntes que aún se veían en el exterior, por si se formaba algún grupo o tumulto. Hasta el momento todo estaba tranquilo.

—Relájate un poco, Ruben. No va a haber problemas. Nadie se atreverá a venir, no están tan locos como para querer ganarse la ira de la Orden.

El que hablaba era Roscoe Kimbro, un matón que estaba con la Orden por la impunidad que le brindaba. Estaba muy bien relacionado con los peces gordos de la organización, precisamente por su falta de escrúpulos y porque siempre estaba disponible para cualquier asunto, por muy turbio que fuera este.

—No sé, me parece que no deberíamos habernos reunido hoy.

Marcelus Edwards se unió a la conversación.

—Precisamente hoy es cuando más necesario se hace reunirse. Tenemos que ponernos de acuerdo para que las coartadas sean sólidas.

Marcelus era abogado. No es que fuera rico, pero empezaba a despuntar entre la flor y nata de la ciudad. No disimulaba sus ansias de ser congresista y hablaba siempre como si tuviera la respuesta a todo.

—¿Para qué necesitamos coartada? ¿Está husmeando la policía? —preguntó Ruben preocupado, sin dejar de mirar por la ventana.

—Habrá una investigación, eso es seguro. Los hechos son demasiado notorios como para pasarlos por alto. De todas maneras, aquí está Stanton, de la oficina del alcalde. Seguro que nos contará novedades con más detalle, en cuanto empiece la reunión —explicó Marcelus mirando su caro reloj de bolsillo.

—No se atreverán a detenernos. ¿Verdad? —insistió Ruben.

—Tenemos maneras de protegernos, pero eso no quita que estemos preparados para cualquier eventualidad —le respondió el abogado.

Roscoe le dio la razón a Marcelus.

—Lo importante es que nadie se salga del guión y mantener la calma.

—Alguien se acerca —advirtió un Ruben evidentemente nervioso.

Roscoe y Marcelus se acercaron al hueco de la ventana.

—Joder Ruben, ya te dije que te tranquilizaras. Solo es Glover Post. ¿Es que no lo reconoces?

Ruben dio un suspiro de alivio. Fue hasta la puerta, desatrancó la cerradura y dejó pasar a Glover.

—Llegas tarde, estamos a punto de empezar. Tienes suerte de no haberte quedado fuera. Una vez comencemos, nadie entra ni sale del local. Son las reglas, deberías saberlo.

A Glover Post no pareció importarle lo más mínimo la reprimenda de su compañero. Sin decir palabra entró en el bar y se quedó mirando a todos los presentes, una docena en total. Ruben volvió a cerrar la puerta y dio varias vueltas a la llave. Regresó junto a Roscoe y Marcelus.

—Pues si crees que yo estoy nervioso, deberías ver a Glover. Está pálido como el papel —le dijo Ruben a Roscoe.

—No es nada que no se le quite con un buen par de vasos de whiskey. Glover es un pie tierno y estará impresionado por la fiesta de anoche —se burló el matón.

 

—¿A dónde demonios va Glover? Si acaba de llegar —preguntó Marcelus extrañado.

Los otros dos contertulios miraron hacia la puerta. Ruben, que era el encargado de la vigilancia, se acercó hasta Glover.

—¿Vas a volver a salir? Te advierto que si no estás aquí en dos minutos, no podrás volver a entrar. Ya estamos todos y esto empezará de un momento a otro.

—Tengo algo que hacer —dijo con voz fría y carente de entonación alguna.

Sin más explicaciones que esa, abrió la puerta. Ruben pudo ver cómo, tras cerrarla, se dirigió a un carromato que estaba aparcado al otro lado de la calle.

Stanton Retchless llamó la atención de sus compañeros.

—Caballeros, si son tan amables... Tenemos mucho trabajo por delante —dijo, invitando al resto a que se le unieran.

Ruben Limes volvió a echar un vistazo por la ventana, maldiciendo por lo bajo lo inoportuno de la salida de Glover. Observó cómo aquel rebuscaba algo bajo la lona que cubría el carro sin capota. Finalmente se desentendió del asunto y cogió una silla para ir a sentarse con los demás. No era su problema, ya le echarían a Glover la bronca cuando regresara.

Si Ruben Limes se hubiese fijado en aquel momento que la llave que cerraba la puerta del local no estaba en la cerradura, quizás las cosas hubieran terminado de manera diferente. Pero no lo hizo.

—Iré directamente al grano, señores. La situación es complicada, la noticia es portada en todos los diarios de la ciudad y ha llamado demasiado la atención. Es año de elecciones y el gobernador tiene miedo a una revuelta de los negros. De cara a la galería intentará quedar bien, para salir reelegido con sus votos. Por suerte, contamos con hombres en el gobierno que apoyan nuestra causa y estamos sobre aviso. Es fundamental que cuando abandonemos el local, cada uno de nosotros tenga absolutamente claro lo que debe decir, en el caso de que fueran interrogados —comenzó a explicar Stanton.

—¿Se sabe si piensan enviar a algún marshall? —preguntó Marcelus Edwards.

—Algunos oportunistas así lo han pedido, aunque nuestros contactos han podido impedirlo. Hasta el momento se han conformado con que la policía de San Francisco investigue los hechos y se envíe un informe detallado al despacho del gobernador con las conclusiones. Me imagino que no hace falta deciros que hay que asegurarse de que ese informe no revele nada incriminatorio.

—Eso puede ser más difícil de lo que parece. Muchos en la ciudad sospechan que ha sido cosa nuestra —puntualizó Gray Sandilands, otro de los presentes.

—Yo me encargaré de que nadie de aquí se vaya de la lengua. El resto solo tienen sospechas que no pueden probar. Íbamos enmascarados, así que nadie puede habernos reconocido —dijo Roscoe, mirando su revólver.

—Aun así, Gray tiene razón en que somos los principales sospechosos. Hay que ser muy cuidadoso con lo que se dice. Marcelus y yo hemos preparado la coartada. Estad atentos y abrid bien los oídos, porque la seguridad de la Orden está en juego. Y con ella, también la nuestra propia —advirtió el teniente de alcalde Stanton.

—¿Qué coño es ese olor? —interrumpió alguien.

—Huele a quemado —dijo Marcelus Edwards.

Ruben Limes miró instintivamente hacia la puerta. Pequeños zarcillos de un humo blanco y espeso comenzaban a colarse bajo la rendija de la puerta del bar. Como un resorte se acercó a toda prisa a la ventana y, a través de los bastidores, pudo ver la anaranjada luminosidad de las llamas, que empezaban a extenderse por el porche del Dixieland. Se quedó paralizado al encontrar a Glover Post vertiendo el contenido de un bidón de petróleo para lámparas por todo el frente del local.

El pánico se apoderó de los hombres y se precipitaron en tromba sobre la puerta. El pánico se transformó en puro terror cuando encontraron la puerta atrancada y sin llave alguna.

Roscoe Kimbro empujó a Ruben de la ventana y trató de abrirla. Desde fuera, Glover se dio cuenta de sus intenciones. Con una fuerza inusitada lanzó el pesado bidón de petróleo contra el marco, bañándolo con una cortina de fuego. Roscoe tuvo que retroceder ante el embate del insoportable calor. Disparó varios tiros contra el traidor Glover. No estaba dispuesto a dejar con vida al maldito bastardo. Estaba seguro de que le había dado de lleno con las tres balas, Roscoe nunca fallaba. Pero el hijo de puta no se inmutó. Simplemente se dio la vuelta y volvió de nuevo al carromato, para coger un nuevo bidón de petróleo. Roscoe comenzaba a perder la cordura. Quizás el demonio exigía finalmente que pagara por sus pecados. Quizás su madre tenía razón cuando hablaba del fuego de la condenación, después de todo.

—¿Por qué? —aulló Roscoe.

Glover Post regresó con más combustible. Se quedó mirando unos instantes a Roscoe, y, a pesar del ensordecedor crepitar de las llamas, se hizo oír. Con una voz gutural que no era la suya.

—El barón Samedí lo ordena.

Continuó con su siniestra labor, añadiendo más alimento para las feroces llamas.

Los gritos de horror, dolor y desesperación provenientes del Dixieland desgarraron el silencio de la noche. El fuego comenzó a extenderse con una voracidad tremenda. Cuando el incendio llegó a la trastienda, donde se almacenaba todo el alcohol, una enorme bola de fuego iluminó el cielo nocturno.

Al poco llegaron cuatro agentes de policía a la dantesca escena. El fuego parecía una criatura viva, que danzaba al compás que le marcaba el viento, mientras iba reduciendo a cenizas el bar Dixieland. Los policías no podían dar crédito a que el causante de aquella locura permaneciera impasible. Seguía en medio de la calle y aún llevaba en las manos el segundo bidón de petróleo, con el que había empapado las maderas del viejo local. Uno de ellos le dio el alto y le ordenó que levantara las manos.

Glover Post tardó en darse cuenta de la presencia de los hombres de la ley; estaba ensimismado contemplando las llamas, que devoraban en su interior a sus compañeros de la Suprema Orden Caucásica. Se giró muy despacio y desenfundó el revólver con total parsimonia.

No hubo más oportunidades, dos de los policías abrieron fuego. Glover disparó el arma e hirió a uno de los policías. Los agentes respondieron con una nueva y rotunda descarga de balas, que sacudieron a Glover como una piñata, haciéndolo caer. A pesar de haber recibido un castigo suficiente para tumbar a toda una escuadra, el muy cabrón volvía a intentar ponerse en pie para apuntar el revólver nuevamente.

No fue hasta que le reventaron la cabeza de un balazo que el cuerpo de Glover Post encontró el descanso final sobre el polvoriento y sucio suelo de las calles de San Francisco.
 
 
Continuará…

 

Escrito por Raúl Montesdeoca 

 La serie de Weird West, se puede adquirir AQUÍ

 
 
 

martes, 3 de marzo de 2015

Weird West: Esclavos de la Oscuridad Cap. 2

 
 
 
 
Capítulo II
 
 

Zardi, el anticuario
De vuelta en su hogar, Jonathan McIntire no pudo evitar recordar las palabras de su difunta esposa Harriet. "Esto no acabará nunca". Había tratado de convencerla de que la pesadilla acabaría, pero estaba muy equivocado. Su antiguo mundo había desaparecido, como si se hubiera abierto una puerta al infierno y fuese incapaz de volver a cerrarla. Un nuevo horror acechaba en las calles de San Francisco, según les había dicho Zardi.
Observaba a Shi Kwei, que se encontraba en la valla exterior de la propiedad. Hablaba con una señora mayor, también de origen chino. Por su casa desfilaban cada día numerosos habitantes de Chinatown. Venían buscando consejo, amuletos para protegerse de los malos espíritus, medicinas naturales y Dios sabría qué cosas más. Shi Kwei podía ser una desconocida en San Francisco, pero en la pequeña China era toda una celebridad.

—Han empezado pronto hoy. Normalmente no suelen venir hasta media tarde. Los chinos tienen suerte de tener a Shi para que les protejan. Ojalá la gente de mi raza tuviera también a alguien como ella.
Jonathan se volvió al oír la voz de Amos Cesay desde la puerta del salón. Iba bastante elegante, se había puesto el traje de los domingos. Aunque su semblante no era precisamente de fiesta, algo poco habitual en él.
—¿Qué sucede?
—La prima de Marguerite...—tuvo que tragar saliva para poder continuar—. Acabo de enterarme. Anoche fue violada y brutalmente golpeada. Lo más probable es que no vuelva a andar.
McIntire no supo qué decir en un principio. Conocía de vista a Marguerite, una hermosa mulata criolla que traía de cabeza a Amos. Lamentaba mucho el dolor por el que debía pasar su familia con una tragedia así. No todo el horror de este mundo procedía de lo sobrenatural, los hombres eran más que capaces de convertirse en monstruos, sin ayuda de demonios.
—¿Puede que tenga algo que ver con lo que nos dijo Zardi?
—No estoy seguro, pero no lo creo. Apesta a la legua a esos malnacidos de la Suprema Orden Caucásica.
Moviendo la cabeza de un lado a otro con preocupación, Jonathan le aconsejó.
—Mal asunto. Intenta no meterte en líos con esa gente. Ahora tenemos trabajo. Un monstruo anda suelto por la ciudad.
—Creía que nuestro trabajo era proteger a los inocentes —respondió Amos desafiante, antes de marcharse.
Las palabras de su compañero le impactaron y le dejaron confundido. Se notaba el resquemor en ellas. Nunca le había hablado antes con aquel tono, ni tampoco le había visto jamás de un humor tan sombrío.
 
 
 
Glover Post salió de su casa poco antes de la caída del sol. Vivía en las colinas, bastante alejado del centro. Tenía una caminata de más de quince minutos hasta llegar a la parada más cercana del tranvía. Su barrio no era tan elegante como para que llegara el moderno transporte público. Cruzando un pequeño barranco se ahorraba un buen trecho. Lo hacía habitualmente y nunca había tenido ningún problema, pero hoy estaba nervioso. Cualquier pequeño ruido le crispaba. Comenzaba a arrepentirse de haber bajado al centro. Debía haber dejado pasar unos días, hasta que la cosa se calmara un poco. Lo de la noche anterior se les había ido de las manos. Toda la ciudad hablaba de ello. No es que a nadie de bien le preocupara realmente lo que pudiera pasarle a los negros, pero siempre había políticos oportunistas que podían aprovechar la ocasión para ganar notoriedad. Se tranquilizó pensando en que si la policía estuviera tras ellos ya le habrían avisado: muchos agentes eran también leales miembros de la Suprema Orden Caucásica.
Un ruido proveniente del frente interrumpió sus pensamientos. Algo se arrastraba por el suelo. No era el sonido ágil y rápido que solían hacer los lagartos al escabullirse entre la baja maleza. No, se trataba de algo lento y pesado. Volvió a escucharlo de nuevo. La luz del sol ya casi había desaparecido del cielo y se hacía difícil poder ver si había alguien oculto. Pensó en darse la vuelta y regresar a casa. No se oía nada, podía haber sido su imaginación. Se sintió ridículo asustándose de su propia sombra, así que continuó caminando. Unos metros más adelante le pareció ver dos siluetas que esperaban junto a la vereda. Glover se llevó la mano al interior del gabán y sacó el revólver que siempre llevaba encima, por si las moscas.
—¿Quién anda ahí?
Se notaba el miedo en su voz. No hubo respuesta alguna. Las dos sombras se pusieron en movimiento.
—Ni un paso más. Atrás —amenazó, apuntándoles con el arma.
Trataba de ver en la escasa luz del crepúsculo quiénes eran aquellos tipos. No se detuvieron, siguieron avanzando en el más absoluto silencio. Entonces pudo verlos: eran dos negros bastante altos y delgados. Sus rostros eran como máscaras talladas, inmutables. ¿Cómo demonios se habían enterado? Alguien debía haberse chivado y aquellos mugrientos venían en busca de venganza. Pues iban a quedarse sin ella, ningún negro de mierda iba a acabar con él.
Tiro dos veces del gatillo contra el que estaba más próximo. Una bala le atravesó el hombro izquierdo y la otra fue a alojarse en el centro del pecho. El hombre, trastabillando, dio unos pasos hacia atrás por la fuerza de los proyectiles. Pero eso fue todo. De inmediato continuó acercándose a su objetivo. Glover Post sintió miedo como nunca lo había sentido antes. Aquel negro acababa de encajar dos balas, y de sus labios no había brotado el más mínimo sonido. Un escalofrío le recorrió de arriba abajo, mientras un sudor helado comenzaba a cubrirle el cuerpo. Todavía tuvo tiempo a realizar otro disparo contra el segundo de los asaltantes, que resultó igual de inútil que los dos primeros. Se le echaron encima, golpeando con fuerza y sin piedad con unas piedras de buen tamaño que llevaban en las manos. Glover trató de defenderse, pero un golpe seco y contundente lo volvió todo oscuro. Cayó al suelo como un fardo.
 
 
 
Cuando recuperó la consciencia lo primero que llegó a sus sentidos fue el sonido de los tambores y los cánticos. Resultaba abrumador, y la cabeza le dolía como si fuera a explotar en cualquier momento. Abrió los ojos y la escena que encontró se le antojó como el infierno. Poco a poco fue dándose cuenta de que colgaba boca abajo de un árbol, cuyas ramas parecían unas manos cadavéricas que trataban de agarrar algo. Estaba atado de pies y manos, completamente inmovilizado. A su alrededor un buen número de hombres y mujeres de raza negra bailaban frenéticos, como en trance. Un poco más allá, otros golpeaban extasiados las tensas pieles de los tambores, cuyo ritmo vertiginoso hablaba de la oscura y lejana África.
De pronto el infernal ruido se detuvo. El silencio resultante tampoco era tranquilizador, ni mucho menos. Los hombres y mujeres, que hasta hacía apenas unos instantes bailaban a su alrededor, comenzaron a apartarse para dejar paso a una siniestra figura. Glover no alcanzaba a verlo muy claramente. El recién llegado despertaba un temor reverencial entre los presentes. Nadie se atrevió a pronunciar palabra, y ni siquiera miraban directamente al enorme negro, que llevaba un sombrero de copa y un largo abrigo oscuro.
—Os lo dije. Nada debéis temer a partir de ahora. Todos estáis bajo la protección de Marie Laveau, la única y gran reina del vudú. Muchos de los nuestros no creen aún en su poder. Esta noche os demostraré que no estáis solos. En el futuro nadie se atreverá a levantar una mano contra nosotros, porque sabrán que su castigo llegará rápido como el rayo —exclamó, con un marcado acento francés.
Cuando el extraño personaje detuvo su discurso, todos los que allí se encontraban estallaron en unos terribles chillidos, mezcla de rabia y venganza. Los gritos taladraban su alma, o eso le pareció a Glover.
 

 
El hombre del sombrero de copa se giró hacía él y se acercó, quedando sus rostros frente a frente. Si es que a aquello se le podía llamar rostro. Su cara era la de una calavera y, donde debían hallarse los ojos, no había más que dos huecos negros e insondables. Quizás fuera por el miedo o quizás estaba bajo los efectos de alguna sustancia, pero para Glover no podía ser más real. De haber podido contarlo a alguien, habría jurado que estaba mirando a la cara de la misma Muerte.
El siniestro personaje fumaba de manera ansiosa y echaba el humo del enorme puro en la cara a Glover, riendo histérico al ver la expresión de pánico de su prisionero. Pudo ver, entre la espesa humareda que dejaba el cigarro, que llevaba colgadas del cuello varias bolsitas de cuero, las cuales pendían de un collar formado por pequeños huesos engarzados.
Bebió un buen trago de ron de la botella que llevaba en su mano derecha, escupiendo parte de la bebida encima del hombre blanco. Hizo señas a dos mujeres, que se acercaron presurosas. Una de ellas llevaba un gran cuenco, y la otra portaba entre los brazos un gallo negro que aleteaba asustado y trataba de escapar. Glover se sentía exactamente igual que el ave de corral.
El hombre con el rostro de la muerte dejó la botella de ron en el suelo y agarró al gallo por la cabeza. Dio un lascivo beso a una de las mujeres y le pasó el apestoso cigarro. Con la otra mano cogió al gallo por la base del cuello y lo estiró, dejándolo completamente expuesto. El hombre sonrió maliciosamente y Glover pudo ver sus afilados colmillos, como los de un enorme lobo... o como los de los demonios que recordaba de las vidrieras de la iglesia.
La cabeza del gallo fue arrancada de un único y feroz mordisco. La sangre comenzó a manar de inmediato y el hombre vertió el rojo torrente en el cuenco que sostenía una de las mujeres. Cuando la sangre paró de manar, arrancó de cuajo una de las patas y luego arrojó a un lado el cuerpo sin vida del animal. Tomó el cuenco entre las manos y dio un buen sorbo al contenido, para luego levantarlo sobre su cabeza, ofreciéndolo al cielo nocturno. Sus acólitos gritaban al borde del frenesí, coreando su nombre.
—¡Samedí, Samedí, Samedí! —repetían en una excitada letanía.
El rojo de la sangre se derramaba por encima del blanco cadavérico de la pintura que le cubría el rostro. Glover creyó morir de terror, y el contenido de su vejiga se vació.
Siguiendo con el macabro ritual, el bokor hundió la pata del gallo negro en el cuenco, que salió teñida de escarlata. Comenzó a trazar extraños símbolos sobre la cara y el torso desnudo de Glover.
—¡No quiero morir! ¡Por favor, no quiero morir! —gritó Glover Post, completamente aterrorizado.
Una risa sobrenatural surgió de su torturador.
—¿Morir? No, monsieur. No será tan fácil como eso.
Volvió a lanzar su antinatural carcajada, riéndose de su propio chiste. Abrió una bolsa atada al cinturón y vació el contenido sobre la mano izquierda. Cerró el puño y lo levantó hasta dejarlo frente a la cara de Glover. Entonces lo abrió, mostrando la palma de la mano y un polvillo blancuzco que la cubría.
—¿Sabe usted qué es esto? —le preguntó.
Glover Post negó frenético con la cabeza.
—Es polvo zonbi, un potente veneno. Pero no se preocupe; como le prometí, no morirá. No del todo —explicó con una sonrisa que helaba la sangre en las venas.
El hombre del rostro cadavérico sopló y una pequeña nube blanca se esparció por todo el rostro de Glover Post, que tosió como si fuera a echar los pulmones por la boca. Su cuerpo se balanceaba por los espasmos, y la cuerda de la que colgaba por los pies se mecía de un lado a otro. Poco a poco, el movimiento pendular se fue deteniendo, hasta que quedó completamente inmóvil.
—Bajadlo de ahí. Tengo que acelerar el proceso de resurrección. Lo necesitaremos esta misma noche —ordenó el hombre al que llamaban Samedí a dos de sus musculosos y silenciosos ayudantes.
 
Continuará…
 
Escrito por Raúl Montesdeoca/ Imagen Zardi: Néstor Allende 
 La serie de Weird West, se puede adquirir AQUÍ

viernes, 12 de septiembre de 2014

En Tierra Prestada de Amando Lacueva en Preventa


 
 
 
 
 
 
Ya esta en preventa la nueva novela de la editorial, novedad del mes de Septiembre. Que inaugura el apartado "Fuera de Colección", donde se editarán los títulos que no encajen en las otras tres colecciones que tenemos. Comenzamos con una estupenda novela de ciencia ficción de Amando Lacueva, con una excelente portada del artista Néstor Allende.
 
 
EN TIERRA PRESTADA  De AMANDO LACUEVA

 

 

Escuchad, humanos: el tiempo se acaba.

En el Génesis 6:3 Dios dice: "No voy a dejar que el hombre viva para siempre, porque él no es más que carne. Así que vivirá solamente ciento veinte años."

La vida del hombre sobre la tierra tiene sus días contados, 120 años corresponden a 120 jubileos, así que el tiempo se acaba…

“La tierra no se venderá a perpetuidad, pues la tierra es mía; porque vosotros sois para mí como forasteros y advenedizos."

La Tierra, nuestro amado planeta, no nos pertenece, es un préstamo que tenemos que devolver a su legítimo dueño. Pero mientras eso ocurre, unos seres reclaman su posesión... El tiempo prometido ha terminado y llega a su fin. Han venido a tomar por derecho lo que les pertenece, este insignificante planeta donde habitan los seres humanos. Se aproxima la hora y con sus ingenios tecnológicos y su astucia volverán a hacer habitable para ellos el planeta. Solo uno de nosotros tiene poder para evitarlo, pero tratarán de darle caza. No se puede impedir lo inevitable... La raza humana está condenada y la Tierra volverá de nuevo a ser propiedad de sus auténticos amos.

Amando Lacueva (La Red Final, La Guerra del Francés) nos adentra en una espectacular trama de ciencia ficción llena de intriga y emoción.

                                                                                                                       

Páginas: 472

Dimensiones: A5

Encuadernación: Rústica.

 

Producto en preventa con un 5% de descuento. Novedad de septiembre, salida a final de mes. ¡¡¡472 páginas!!! El libro de más paginas editado hasta ahora en la editorial.

 

18,00 €

 


 

 




 

 

 

EL AUTOR

 

AMANDO  LA CUEVA
 
 



Amando Lacueva Poveda es un escritor español. Nació el 26 de noviembre de 1960 en Hellín, provincia de Albacete y vive en Tarragona ciudad. Empezó escribiendo obras del género fantástico con la editorial Mundos Épicos. Su primera obra publicada en 2008 fue El triángulo Vikingo. En 2009 con la editorial Hera Ediciones, publicó se segunda obra sobre las profecías mayas.

Aparcó el género fantástico para crear una antología histórica sobre Cataluña. Dentro de la serie Crónicas Catalanas, ha publicado dos títulos sobre la Guerra de Independencia Española y su argumento se centra en el asedio, asalto y ocupación de la ciudad de Tarragona.

Gracias al éxito de sus novelas históricas ha seguido creando para Ediciones Citerior, nuevas entregas que conforman la serie de Crónicas Catalanas con su obra, Guerra a Ultranza, Barcelona 1713-1714 y que narra, dentro de Guerra de Sucesión Española en Cataluña, el asedio a la ciudad de Barcelona. El autor se ha basado principalmente en la obra de Salvador Sanpere y Miquel escrita en 1905; El fin de la nación catalana.
Nunca ha abandonado completamente el género fantástico, por lo que en 2011 se publicó una nueva obra con la editorial Quadrivium y en 2014, con Dlorean Ediciones una obra que encierra mucho de fantástico y ciencia ficción. 

 

 

lunes, 30 de junio de 2014

Charlando con Néstor Allende


 
 
 
 
Hoy entrevistamos a uno de los pilares de Dlorean. Al ilustrador y escritor Néstor Allende, portadista de varias novelas en la editorial y encargado de maquetar las portadas de Dlorean. Hablemos un poco con Néstor y conozcámoslo un poco más.
 
 
 
 

1) Háblanos un poco de quien es Néstor Allende

Pues es un tipo que a la vez es muchos, mira tú.

Es un asturiano barbudo, bajito, delgado y medio loco, que roza los cuarenta y que, de vez en cuando, pinta monas y rellena líneas y líneas de garabatos que pasan por ser palabras.

Es un heavy de los de la vieja escuela, de esos que crecieron con los Barón y los Maiden, los Manowar y Motörhead, y al que le gusta también la música clásica, el bluegrass y el rock.

También es un tipo con muy mala leche y un humor "raro de cojones", que vive en Salamanca y tiene un coche coreano al que el de la plaza de al lado tiene machacado a portazos; un motero sin moto, más por falta de pasta que por ganas; amante de la buena cerveza y los licores fuertes (siempre sin hielo, claro).

Es padre de dos hijos y marido de una mujer (podía haber sido de un hombre, pero no soy gay, lo siento, fans masculinos. Y femeninos, que estoy casado).

Y por último, pero no por ello menos importante, un fanático de la ciencia ficción y la fantasía; de la historia, la ciencia y los acertijos; del ocultismo y del cine.

Y rolero jubilado, que se me olvidaba.

Y no, no me tengo por friki.




 
Ilustración de Alien de Néstor Allende







 

2) ¿Cuándo empezaste a dibujar?

Pues no me acuerdo, para ser sinceros. De hecho, sigo empezando a dibujar todos los días.

No me considero un buen dibujante, y por ello empiezo a dibujar todas y cada una de las veces que cojo un lápiz, sin excepción. Como dibujante no tengo lo que se dice un estilo definido de dibujo, una marca de la casa, propiamente dicha. Adecúo mis dibujos a la función que van a tener. Además, soy leeento, lentísimo dibujando. Me pierde el detallismo y soy muy perfeccionista, y me puedo tirar minutos y minutos para una simple mano. Y horas para dibujar todos los eslabones de una cota de mallas.

Por eso digo que no soy dibujante.

En todo caso me considero más ilustrador que dibujante, ya que ahí sí que suelo tener un estilo más personal, mas mío, y también es donde me siento más cómodo.

Lo que sí que te puedo decir es que empecé a “aprender a dibujar” cuando era güaje, copiando a Mortadelo y Filemón, creo que con tres años o así. Según mis padres,  lo del dibujo viene de familia, porque los primos de mi abuelo eran los hermanos de la Fuente (Víctor, Chiqui y Ramón); así que puede que sea cosa de haber crecido rodeado por ese ambiente. Supongo que tendré algún gen raro de esos con forma de lapicero porque de chaval dibujaba a todas horas y en cualquier sitio. Mis libros de instituto acabaron llenos de dibujos en sus márgenes, y los colegas deben de tener decenas de dibujos de sus personajes de las partidas de rol.

Como ya dije en otra entrevista, un día debí de agarrar un lápiz y supongo que me gustaría la sensación, porque desde entonces no lo he dejado; no he dejado de intentar aprender a dibujar. Y como aún no he aprendido, ahora mismo casi el 90% del trabajo lo hago a ordenador, que me resulta más cómodo para corregir errores.

 

 
 
 
Star Trek Voyager by gaslight
 

 

 

 

3) Los dibujantes o ilustradores que más te hayan enseñado o influenciado.

Yo creo que, influenciarme, todos los que me den y más, Si pudiese meterlos a todos en una licuadora y luego beberme su esencia, no dudes que lo haría... ¿Eso suena un poco en plan doctor chiflado, no? Bueno, da lo mismo. Si no hay risa maligna y pose con trueno tras el ventanal, no cuenta de cara al informe psiquiátrico.

Como dibujantes me gustan Michael Golden, Hugo Pratt, Esteban Maroto, Moebius, Glen Fabry, Simon Bisley, Bill Sienkiewicz, P. Craig Russell, Barry Windsor-Smith y, por descontado, mis parientes lejanos, Víctor, Chiqui y Ramón de la Fuente. Pero los dibujantes que quizá más me han influido son Mike Mignola, al que descubrí en Las Crónicas de Corum y flipé con la simplicidad del trazo y el alucinante control de las sombras. Y al maestro Carlos Ezquerra, que tan buenos ratos me hizo pasar de chico con Dredd y “Los Diablos del Frente del Este”.


Ilustración de Boris Vallejo

 
 
¿Ilustradores? Sin dudarlo los primeros que te digo son Boris Vallejo y Julie Bell. Crecí con posters suyos de tías en tetas en mi habitación (Sí. Desde pequeño mis padres me dejaban tener posters con ilustraciones donde se viesen tetas y culos, ¿Qué pasa? Otros tienen escenas de caza con perros mordiendo a ciervos, o corridas de toros. Yo tenía músculos, tetas y culos).


También Vicente Segrelles y Frazzeta siguen a día de hoy alucinándome cada vez que veo algo suyo, aunque lo haya tenido delante decenas de veces, siempre descubro algo nuevo en sus ilustraciones: un escorzo, algo de contraste tonal, un simple trazo que soluciona una composición, una sombra o yo que sé. Pero son la ostia.

Mención especial y aparte merece Tim Bradstreet, que trabaja a partir de fotografías de estudio y que es mi principal modelo a seguir a la hora de dedicarme más en serio a realizar ilustraciones profesionales. Hasta entonces dibujaba todo a mano (y tardaba milenios) o usaba un programa de creación en 3D, el Poser3D. Pero Bradstreet me abrió los ojos al empleo de la fotografía para luego pintar encima, cosa que hasta entonces nunca había valorado en serio. Sin ir más lejos, para la base de la portada de la próxima novela de Amando Lacueva, mi chaval posó para luego dibujarle encima el dinosaurio (ya la veréis, ansiosos). La lástima es no contar con dinero para poder tener un estudio de fotografía y modelos profesionales: tengo que recurrir a fotos proporcionadas por colegas que me sirven de improvisados modelos (Infinitas gracias, chicos y chicas), y las que yo hago con mi Canon 450D.

 
Portada del disco de Skullmania obra de Néstor

 

 

4) Explícanos un poco tu proceso creativo para una ilustración o portada

Algunas surgen a la primera, que suele ser lo más normal, y otras me las planteo durante algunos días. Han sido muchos años de comics, libros y rol para que no se me ocurra algo casi al momento. Siempre he sostenido que para poder sacar una idea de la cabeza, antes has tenido que llenarla de muchas otras.

Normalmente suelo tirarme entre uno y tres días buscando referencias gráficas para realizar el dibujo, cosa a la que me acostumbré cuando trabajaba en una tienda de tatuajes. Otros autores profesionales cuentan con material de atrezzo, modelos, estudio de fotografía y cosas similares, pero yo soy español y pobre, así que tengo que recurrir a san Google para documentarme y tiro de colegas o familiares para las poses (o de Poser 3D). Luego comienza el proceso de montarlo todo en ordenador y pintar encima. Como ya dije, es una técnica muy similar a la que emplea Tim Bradstreet y con la que estoy muy contento por los resultados que me da.

Normalmente, una portada suele llevarme, de media, entre una semana y diez días; aunque una portada sencillita puede hacerse en un día o dos y una complicada entre quince y veinte días, con de 4 a 6 horas diarias de trabajo.

 

Y luego hay veces en la que te encuentras con problemas inesperados, como que la composición y el encuadre no den resultado, o los colores no funcionen. Para eso la ventaja de poder trabajar con capas en Photoshop te salva el culo. Reordenas, mueves, cambias... Yo, que soy de trabajar sin boceto o con cuatro líneas a todo lo más, plasmo la idea que tengo en la cabeza directamente y millas. Luego retoco lo que se necesite, una y otra y otra vez, hasta que me quedo a gusto. Ya dije que soy muy perfeccionista.

 

 

5) Llevas muchas portadas en libros, antologías o CDs de música, entre otras muchas otras cosas. ¿Cuáles son tus preferidas y de las que te sientes más contento del resultado final?

 

Pues mira tú que con la que más contento me siento es siempre con la última que he hecho.


La portada de la Maldición de la Diosa Araña en todo su esplendor

 
 
Ya te dije que estoy en un continuo proceso de aprendizaje. Que todos los días, cada vez que cojo el lápiz, empiezo a dibujar. Y tengo la impresión de que la última es siempre la que mejor me ha quedado. Incluso luego veo las anteriores y me digo: "¡Hostia! Si hubiese metido esta técnica, o esta iluminación, o este efecto, o este escorzo, hubiese quedado mejor". Soy un inconformista, lo reconozco; a día de hoy no hay ninguna ilustración mía que no crea que se pueda mejorar.

En cuanto a preferidas... Más que preferidas, digamos que son ilustraciones a las que, por una cosa o por otra les he cogido cariño. Por mencionar alguna, la de “La Maldición de la Diosa Araña” (Dlorean Ediciones), por ser mi primera portada en plan profesional para una novela. La de “No eres Bienvenido” (La Pastilla RojaEdiciones) por lo bien que me lo pasé con la portada y la maquetación (aunque Athman no me dejase meter algo más de sangre), y el pequeño detalle de los perros zampándose un cadáver y los cuervos en los cables de teléfono a lo Hitchcock (soy muy dado a meter guiños, la verdad).
 

Y la de La Leyenda de Katham. ¡Esa es la leche! He podido hacer una portada de fantasía al estilo de mis posters de crío de Vallejo y Bell, con tetas, músculos y un monstruo lovecraftiano de fondo (Gracias a Dlorean por darme carta blanca). ¡Y para Lem Ryan! Un mito de la novela de bolsillo en este país, con el permiso de Curtis Garland, A. Thorkent y Ralph Barby... A ver dónde puñetas consigues hoy día que una editorial te deje poner tetas en una portada, si no es en el Kiss Comix.

 



 

6) Eres el encargado de la maquetación de las portadas de Dlorean. Explícanos un poco en que consiste y como es.

 

En pegarme con la imprenta y leerle la cartilla a los portadistas. Así, dicho tal cual. Sin vaselina.

Me explico: Cuando me llega una portada lo primero que me toca es comprobar que tenga las medidas adecuadas. Al principio me volvía loco para recortar las portadas sin hacerles un destrozo porque, o bien eran demasiado altas, o bien demasiado anchas, o no tenían sangre (zona de cortado en imprenta)... o tenían sangre por los cuatro lados, cuando por la izquierda, que es el lado que va pegado al lomo, no se debe poner.

Era algo normal, un problema perfectamente entendible, ya que casi ninguno de los ilustradores había trabajado nunca con libros y no controlaban aún las medidas que nos exigía la imprenta. Gracias a las buenas palabras, un discurso heroico, y a la amenaza de coger tren, avión, o burro para plantarme en sus casas y cortarles los dedos con una cuchara oxidada,  aún a riesgo de dejarme los cuartos en el viaje y comer pasta durante un mes, he conseguido que los ilustradores ya adecúen las medidas al formato correcto. Así que ese tema ya está solucionado (mas les vale, porque la cuchara sigue guardada en el cajón).

En cuanto a la imprenta, depende del día que tenga el becario de turno. Y me jode, porque trabajan muy bien y el resultado de la impresión a la vista está. Pero como tengan el día torcido... Aún me tiro de los pelos con lo oscura que dejaron la portada de “Argar, Hijo del Demonio”. Pero parece que a estos, después de un par de correos, los he metido también en vereda.
 

Pero bueno, sigo… Medidas adecuadas: Hecho.

Ahora toca diseñar el título de la novela, así que lo monto para que encaje lo más posible con la estética de la novela y la portada. En muchas ocasiones diseño yo mismo las letras que componen el título. En otras, uso fuentes ya existentes y de libre distribución. Así que, con el título ya hecho y la portada a las medidas adecuadas, creo toda la cubierta con el color adecuado e inserto títulos, texto y logotipos en frontal, lomo y trasera.

Muy importante es resaltar que cada novela es única, y no uso el mismo fondo o fuentes, a no ser que sea una saga del mismo autor.

Por último, monto un .pdf a resolución de impresión profesional y lo envío a Dlorean, para que den el OK y luego lo manden a imprenta (y cruzo los dedos por que no hayan cambiado de becario hace un par de días y no sepa cómo funcionan las máquinas XD)

 

 

7) Además de un extraordinario dibujante, eres escritor, háblanos un poco de esa faceta.

 

Que manía. Que no me considero dibujante (pintamonas, sí). Y mucho menos “extraordinario”. Esos son gente como Mignola, Ezquerra o Moebius.

Yo crecí rodeado de comics, que al fin y al cabo, son historias; y de decenas de libros. Y siempre me ha gustado contar historias. Cuento historias inventadas sobre la marcha para mis hijos, esperpénticas y surrealistas, que desarrollan mi agilidad mental para crear e hilvanar una trama que al final tenga sentido. De campamentos, de chaval, contaba historias leídas en libros de mitología, o las que me contaban en casa de la guerra civil, la mili, anécdotas familiares...
 
 

Es una cosa que siempre he llevado dentro. No sería yo si no contase historias, al igual que no sería yo sin un lápiz (que no, que no soy dibujante). Son las dos formas que tengo de expresarme. He tomado al asalto bibliotecas (era el terror de los bibliotecarios, sí señor) y he llegado a leerme hasta cuatro novelas al mismo tiempo. Soy un devorador de libros, aunque ahora menos, que tengo poco tiempo. Así que con tantas letras dentro, toca sacar algunas fuera o reviento. Y empecé primero escribiendo en foros, luego salté al fanfic, y ahora de cabeza a las publicaciones físicas.

 


 

8) Has publicado relatos en varias antologías y un pajarito me ha dicho que has escrito una novela corta y hay una más larga en proceso, háblanos un poco de todo ello

 

Esto... ¿No serás Varys por casualidad? Mira a ver, que tengo una espada a mano y sé manejarla...

... Pues sí. Tengo publicados relatos dentro de antologías: fantasía con Valentia, terror con La Pastilla Roja, atom-dieselpunk con Dlorean...

En cuanto a la novela corta, es un relato que se engloba dentro del universo Weird West de Dlorean, directamente relacionado con un detalle que menciona Raúl Montesdeoca en su relato "Dinastía Drácula" (Weird West volumen 1), y que aparecerá en el siguiente volumen. Hay vampiros, hay cambiapieles indios, hay vudú, hay zonbis (sí, está bien escrito con "n". Cuando lo leáis, sabréis por qué). Vamos, lo normal en estas cosas: tiros, violencia, sangre, garras y colmillos, sangre, magia, sangre, acción... Pero vamos, sangre la justa, no os vayáis a pensar… Que hay cosas con más sangre, como una piscina llena de hemoglobina, por ejemplo. Mi relato no llega a tanto: un jacuzzi, a todo lo más.

Y sexo. Porque también hay sexo, que la vida no es solo mata, mata, mata...

Y la novela larga... en realidad hay más de una. Hay una que está por la mitad, a falta de que Dlorean me confirme si la quiere, de temática "dark-steampunk erotic", que se engloba en un proyecto en el que participamos varios autores y que no nos entendimos con la editorial con la que trabajábamos. Luego está otra de carácter "scifi/fantasy", sin iniciar, pero a la que le tengo ganas.

Y la que creo que es a la que te refieres, es la novela diesel-atompunk del 13º de Húsares, de mi universo "Crónicas Ucrónicas", cuyos protagonistas se han publicado relatos en Dlorean.  "Cronicas Ucrónicas" es un universo que cree hace tiempo, y que el peazo tipo que es Raúl Montesdeoca hizo también suyo para publicar la vertiente steampunk del mismo en "La máquina del Juicio Final" donde, por cierto, aparece uno de mis personajes en los últimos capítulos. (El que no haya leído la novela de Raúl, no tiene perdón de diox). De esa ya llevo como un cuarto, aproximadamente, y quiero ver si la encarrilo de una vez y me la ventilo este verano, que ya me vale. Cierto es que el relato de Weird West me ha comido tiempo, así como algún otro relato hecho por ahí para determinadas cosas que espero vean la luz en breve; amén de las portadas. Pero quiero tenerla cerrada para finales de septiembre, para poder publicarla a lo largo del año que viene con Dlorean, por supuesto.

 
Anansi, ilustración de Néstor para Proyecto Pulp


 

9)  Estoy seguro que tienes muchos proyectos entre manos y que pronto oiremos hablar de ellos, danos un adelanto de las cosas que iremos viendo tuyas en un futuro cercano

 
Portadas con Dlorean alguna habrá. Está por salir la que he hecho para la novela de Amando Lacueva, y también la de la segunda novela de Miguel Ángel Naharro, que empezaré en breve con ella. Una portada para una antología de relatos de Serie B para La Pastilla Roja. Y quizá alguna más, pero todo depende de los editores.

Y relatos..., pues lo que he comentado antes. Si hay suerte, alguno caerá en alguna antología antes de que acabe el año. Pero asegurado está el de Weird West y el de Diesel-atompunk.